Desde el Colectivo Cultural Neón-Púrpura nace Crisis/Decadencia/Transformación como un proyecto expositivo que se desarrolló en el patio de la Biblioteca Municipal de San Cristóbal de La Laguna y ahora continúa en el Espacio Cultural El Tanque.
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1 sept 2013

tanque

El proyecto Crisis/Decadencia/Transformación llevado a cabo por el colectivo Neón-Púrpura en el patio de la Biblioteca Municipal de San Cristóbal de La Laguna ha aglutinado a lo largo de nueve meses intervenciones de artistas de distintas generaciones, encuentros de éstos con el espectador, fanzines, performances y acciones en la calle. Ahora se traslada al Espacio Cultural El Tanque.

La acción de establecer un nexo entre los términos crisis, decadencia y transformación, encuentra su argumento en la exigencia auto-impuesta de dar cabida a la multiplicidad de prismas con los que se observa y afronta las problemáticas actuales. Estas locuciones no son antitéticas, existe una analogía entre ellas que la entrelaza de manera sucesiva.

La biblioteca se planteaba como modelo paradigmático de contenedor de palabras y significados. Un espacio de conocimiento que impone su propio tránsito corporal y la acumulación de estos saberes implica la responsabilidad de engendrar individuos con una mayor capacidad crítica. La noción de biblioteca pública está integrada en la democracia del conocimiento dispuesto al alcance de todos.

La propuesta subrayaba la importancia de los espacios comunes como lugar donde germina la cultura y el pensamiento. Por eso, la Biblioteca Municipal con su patio central acristalado se planteó como espacio ideal para llevar a cabo este proyecto. Si utilizamos la biblioteca –espacio no museístico- como un contenedor de arte, ahora en El Tanque, un edificio único dentro del circuito expositivo de Canarias por sus extraordinarias cualidades –interior cilíndrico, conjunto de columnas de metal, sonido reverberante y falta de luz natural– incluiremos los despojos-obras generados por el proyecto realizado en la biblioteca.

Estos despojos se organizan de manera circular junto con los rastros visuales documentales del proyecto tanto del proceso como del resultado de cada intervención. Esta es, como lo fue en el patio de la biblioteca, una exposición abierta y orgánica que irá incluyendo trabajos según vaya avanzando la exposición, cada uno de los artistas repetirá una acción relacionada con lo que hiciera en el patio, y los restos de este trabajo quedarán como huellas.

Queremos entregar nuevos testimonios en forma de fantasmas que puedan abrazar los residuos. Cada uno de los artistas participantes en el proyecto generará cada semana una pieza, se trata de ir transformando la exposición y llenándola de contenidos paulatinamente, pues Neón-Púrpura concibe una estructura circular cuyo comienzo es parte del final y viceversa.

En este nuevo capítulo que inicia Neón-Púrpura contamos con la colaboración de la artista Noelia Villena que reconstruirá literalmente la puerta de entrada al Tanque en una simbiosis entre obra y entorno, transformando como siempre ha perseguido este proyecto el tránsito hacia el espacio que alberga este ciclo. Ciclo infinito Crisis/Decadencia/Transformación que encaja en el eterno devenir del recorrido por el espacio circular que es El Tanque.

21 jun 2013

Cierra los ojos




“Haber viajado tan lejos sólo para encontrar aquello de lo que había escapado.”
Paul Gaugin

El deseo, el verso, la voz, la música. Voz, voz, voz. Quejido apagado, deseo emergente.

La voz se lanza al exterior como pájaros que en su vuelo refulgente ven sus alas tornarse fuego fatuo. Fuego que brota de la putrefacción, pequeñas llamas que se elevan por el aire en un gracioso deambular. El deseo es ese fuego que al aproximarse para asirlo se aleja. El patio de la Biblioteca Municipal de La Laguna asiste al epílogo de lo que ha sido un proyecto lleno de deseos, esperanzas, miedos, superación y compañerismo. Crisis/Decadencia/Transformación es el motivo por el que nació Neón-Púrpura y será parte de por vida de la filosofía de trabajo de sus dos componentes.

Esta vez de la mano de MoBBAA –proyecto de Judit Mendoza– se desarrolla El patio de los deseos, el reverso de la primera performance que dio inicio hace nueve meses a las intervenciones en el patio. Si empezamos por la queja, hoy recogemos el deseo del transeúnte. El movimiento cíclico que iniciara Neón-Púrpura en forma de eterno devenir no se cierra a sí mismo sobre la queja, sino sobre la ilusión del deseo por cumplir. El deseo inflama el alma, la queja la extirpa.

Exponer el deseo es situarse en el punto de mira, es desnudarse ante el interlocutor. Para Néon-Púrpura, personas anónimas han vertido su confianza en unas bobinas de papel, han escrito, unos al lado de otros, sus anhelos y querencias en un acto tan comunitario y poético que fuerza a creer en la salvaguarda de los sueños.

Metafóricamente los deseos recogidos en la calle son metas que no se alcanzan y (que) terminan en el terreno pantanoso de la insatisfacción y el desconcierto. MoBBAA logra generar esa llama necesaria. Judit Mendoza entra en el patio acristalado y se quema; quema el sonido, quema el verso y resurge la intención del deseo en forma de acción. La serpiente verde del deseo se mofa constantemente de nosotros y ella lo sortea en torno a la geografía del patio. El canto del pájaro apagado es el símil del deseo humano, una analogía filosófica y estética que termina en la necesidad del impulso, en la acción física del deseo mental, si no éste se instala como un tumor en la cabeza. El deseo no satisfecho convertido en impotencia. Por tanto el deseo es un fuego interior con la capacidad doble de destruir y purificar, de allanar terrenos mentales en los que la mala hierba, como muros sociales, es extirpada.

MoBBAA realiza, mediante afinidades entre formas artísticas como la música y el movimiento, un ejercicio de invención y creación, una reacción ante la vida ordenada en diferentes estadios. El deseo por definición es un impulso, pero como tal acción conlleva en su núcleo la negatividad del deseo vehemente y la belleza del deseo afectivo que representa cada una de las pasiones del ánimo: la ira, el amor y el odio. “Dolor del artista” para Judit Mendoza, que ve el deseo en forma de aves de manera evolutiva en la transición y efecto de desear, águila-gorrión-fénix. Águila como primer impulso, gorrión como acción purificadora y vehementemente asustada y fénix como liberación de energía y calor, literalmente ardiendo en deseos en pura transmutación. En esta hoguera de El patio de los deseos arde el dolor de anhelar como forma de liberación y de despojarnos de la artificialidad del deseo enfermo.

El patio de la biblioteca es el signo y el símbolo de los deseos que los transeúntes/espectadores anhelan reprimir. Deseos de correspondencia entre cuerpo, experiencia y lenguajes, que dan una sensación plena y satisfecha del universo. Esta intervención se revela como una confusión entre deseo y queja. A veces los deseos se desechan como inútiles, pero son dos expresiones de la misma mirada. La queja se ve como objetiva –y anclada a la tierra– y el deseo es elemental y primitivista donde (no es un lugar) el Yo se disuelve en el cosmos.

Ahora la acción de desear, para MoBBAA y Neón-Púrpura, es la de erigir secretos a viva voz que conecten a los hombres. Funcionan éstos como vasos comunicantes, pues es más fuerte el deseo comunitario que la queja en común. MoBBAA inventa y recrea una forma alternativa de comunicación. Infinidad de deseos se evaporan y traspasan la atmósfera del desánimo. A veces desaparecen sin dejar huella. Otras permanecen como cenizas en vuelo. Aquí la permanencia es victoria y culmen del círculo vital Crisis/Decadencia/Transformación.


19 jun 2013

El patio de los deseos, por Judit Mendoza y Jose Guillén

El patio de los deseos es una pieza compuesta sobre la temática de los deseos, donde se utilizan como recursos el verso, la voz, la música y la danza.

La inspiración surge en torno al canto de los pájaros y al fuego. Musicalmente nos movemos en estos sonidos acompañados de armonías simples aportadas por las cuerdas, junto a sonidos de carácter ambiental que dan el contrapunto a los acordes de impronta clásica. El canto y la danza están presentes con música pregrabada y con momentos puntuales de procesamiento de la voz.

Los pájaros representan algo bello lanzado (y hasta cierto punto desperdiciado) al aire. Como punto de partida, tiene mucho que ver con la pregunta primigenia “¿de dónde viene este impulso...?” (extracto de “Prayer”, video-creación de los mismos autores). Un ornitólogo diría que los pájaros cantan por motivos absolutamente prácticos, naturalmente; pero la capacidad humana nos permite usar esos sonidos de una manera poética y tangencial. Los deseos poseen algo muy parecido, todos los lanzamos de una manera u otra, sólo el que quiere escuchar se da cuenta de ellos. Se observan en gestos, en lo que se calla y sobre todo en la mirada.

El fuego tiene una clara vertiente purificadora-destructiva. La percepción de esos deseos por parte de algunas personas te hacen débil, te exponen. Por supuesto hay un tipo de sujetos que aprovechan eso para destruir, para atacar. De algún modo los cantos-deseos son bellos y puros por definición, sin embargo también son susceptibles de su destrucción si se exponen a las personas equivocadas. Esto, sin lugar a dudas, se acerca al famoso dolor del artista del que tanto se ha escrito.

El verso se construye a partir de los deseos de personas cercanas a la autora, y de sus propios deseos, y de aquellos con los que la artista se ha identificado recogiendo mensajes en su entorno. Todos ellos coleccionados con el objetivo de lanzarlos al aire junto al canto de los pájaros, y quemarlos después al fuego de la hoguera, en una celebración para renacer de las cenizas como el ave Fénix liberado de su lastre.

Por lo tanto y en clara yuxtaposición poética, esta pieza se compone de tres partes:

1. El águila que sobrevuela lanzando sus deseos inocentes.
2. El pequeño gorrión asustado por el fuego en la exposición.
3. El Ave Fénix que renace de las cenizas de la incomprensión amparada únicamente por la más pequeña forma de la pureza.

El Patio de los Deseos”, dentro de la trayectoria artística de los autores, se concibe como continuación de la obra “Para Muriel”, obra con una fuerte carga de deseos que se expresan respetando el primer impulso de la emoción y de los que la lluvia nos libera y purifica. En “El patio de los deseos” el significado del fuego es justamente el que tiene el agua en “Para Muriel”: con su energía y calor, el fuego nos purifica y nos da refugio, tras las cenizas del dolor de los deseos frustrados, una y otra vez el deseo y el fuego, ardiendo en deseos en el ciclo de la vida, al calor del fuego con su doble vertiente, de protección y destrucción.

En “El patio de los deseos” se quemará el dolor que encierra cada deseo para liberarnos de quimeras y estar un poco más cerca de nuestra felicidad. La intérprete será sólo un medio, identificándose con el deseo todos los presentes para hacer arder el dolor en la hoguera y dar esperanza.

Judit Mendoza_ verso e interpretación
Jose Guillén_ música y edición de audio
mobbaa.com


16 may 2013

Juana Fortuny. De la desnudez del jardín




Después de una larga andadura a través del proyecto expositivo Crisis/Decadencia/Transformación llegamos a la última intervención dentro del episodio de /transformación/ de la mano de la artista Juana Fortuny. El carácter del proyecto de manera global incide en la fuerza creativa a la que obliga los momentos de dificultad vividos por la agotadora recesión de lo que estamos siendo partícipes. Se trataba de hacer de la crisis un elemento visual que por esta condición fuera asumible de una manera más positiva, como un cambio de paradigma, pero el carácter del colectivo Neón-Púrpura obligaba a exportar la visión neorromántica de ciclo eterno de transformación. Cada uno de los ejercicios llevados a cabo ampliaba ese margen visual dado al espectador/lector.

Para la artista Juana Fortuny colaborar en el espacio temporal de la transformación es realmente un ejercicio vital, indispensable y significativo. Su trabajo en telas supone, no sólo en esta ocasión sino en su trayectoria artística, un interés por realizar acciones para cubrir la desnudez, no con materias pesadas sino con la liviandad de las telas esculpidas por un Fidias. Ella viste la desnudez del jardín, haciendo más visible ese desabrigo anterior. La presencia del objeto también se transparenta en su ausencia como forma de sublimación.

En el transcurso de este proyecto, todo ha estallado en las manos de la artista, ha derivado todo en este punto en el que nos encontramos como forma de eterno retorno a sabiendas de que el camino laberíntico que hemos recorrido no es bonito. El arte no es bonito, no es la belleza su fin último, el camino de la creación es la transformación y la presentación de contenidos. Apoyados en la tierra y tomando la fuerza de ella, surgirá hacia arriba como las telas de Fortuny. Ella suelta su obra de la misma manera que da rienda suelta a su creatividad.

La instalación que proyecta la artista parte de la premisa de que toda obra supone un cambio tanto en el espacio como en el espectador. Así funciona y así se expresa ella. El interés por colgar las telas en el jardín viene de la necesidad de ahuyentar la pasividad del ciudadano que se mueve en su entorno en formas de alegorías, en una ciudad también alegórica. Mediante obstáculos visuales Juana Fortuny quiere molestar, quiere gritar, dejar de ver la ciudad como un laberinto sin fin, rondando siempre las mismas esquinas, las mismas ideas anquilosadas en la arquitectura pesada que contrasta con la translucidez de los paños.

La Laguna geométrica, La Laguna patrimonio, la ciudad como mapa, la ciudad como encierro, lo urbano como laberinto. La artista se busca a sí misma en su periplo diario, busca a sus vecinos, y el beneficio de lo común. La sublimación del arte para ella viene de la negación de la individualidad como máxima libertad –flagrante estrategia capitalista–. Entender que la riqueza no sólo está en el individuo sino en lo común, en la responsabilidad común del tránsito urbano.

Las telas de Juana Fortuny representan lo próximo, aquel obstáculo en la urbe que hace tomar conciencia de la finitud del espacio, que despierta la curiosidad por saber qué hay tras el telón. El juego se levanta en aras de su poder de atracción, pues lo que encontramos detrás es el mismo espacio, con idéntica atmósfera y mismo suelo. ¿Dónde está en cambio entonces? En el espectador, su uso del espacio jamás volverá a ser igual, la transformación, por tanto, parte del individuo. La artista explica, “cada experiencia artística me transforma, tanto mi propio trabajo como obras de otros creadores. La clave está en mantener esa capacidad de asombro”. Ella conserva la extrañeza del descubrimiento frente a la desidia del conformismo social, cultural y político. Porque para ella todavía hay cosas que se elevan por encima de lo común, como las cuadrículas de tejido que se transforman en una alegoría del espacio urbano habitado de su ciudad.

10 abr 2013

Transformación episódica



El proyecto Crisis/Decadencia/Transformación llega a su epílogo de la mano de la artista Sheila Hernández que, con su instalación en torno a la investigación de los huertos urbanos y su impacto social, da inicio al proceso de cambio real. La transformación analizada desde dentro a nivel sociológico, con la agricultura como paradigma del cambio, más que como una vuelta a lo rural, como un elemento desarrollado en el ámbito urbano, analizado como episodios de investigación y trabajo de campo. Desde la perspectiva de la creadora, quizás la gran revolución que cabe esperar en este período que afrontamos es la accesibilidad del alimento para todos, un plural que hace peligrar el estado de las cosas, las clases sociales y el sistema económico. La acción de cubrir una necesidad básica con los huertos urbanos que apuestan por un sistema de autoabastecimiento, que supone la implosión de pequeños motines pacíficos en los que la figura del productor masivo peligra.

La artista actúa como una investigadora/etnógrafa que acumula datos reales por medio de la búsqueda alternativa del entablishment. Ella propone la inversión desde dentro del sistema ciudadano, en las urbes, no un éxodo sino una modificación real de las costumbres de consumo y de desecho. La agricultura urbana por sí misma es un elemento transformador que vulnera el bienestar de unos pocos productores con la noción de un reparto de alimentos comunitario. El análisis que afronta la artista hace que cobremos consciencia de la vulnerabilidad del sistema al acometer como individuos y como colectivos urbanos un cambio real que deviene en cambio total.

El trabajo de Sheila Hernández se mueve en torno al concepto de archivo, pero no como forma de aglutinar información, sino como forma de crear un crisol de ideas transformadoras cuyo leitmotiv es el arte como vía de desarrollo social y económico como reunión de datos clasificados bajo una premisa concreta. La suya es fabricar un diagrama que deje a la luz el contraste de un ámbito social. Por tanto ésta artista, como pasaría en los 60 y 70 con creadores próximos al land-art, al arte social y al desarrollo de la creación artística como clarificador camino de los procesos y métodos y no de la obra acabada en un pedestal museístico, pretende generar un verdadero trabajo de investigación sobre la agricultura urbana y su impacto social en el entorno del jardín “a la inglesa” del patio de la Biblioteca Municipal de La Laguna. Aquí el jardín es despojado de su poética de paisaje observado por los lectores del espacio para revestirlo por un momento del trabajo archivístico de esta artista.

Sheila Hernández siente interés por jugar con la colocación de las imágenes generadas desde sus diagramas que gracias al carácter diáfano del espacio invade todo de una sutilidad que suele ser ajena al campo de la archivística y la acumulación de datos de carácter etnográfico.

5 mar 2013

Del valle "donde los caballos van a morir"



Bajo este sugerente título el artista Encarneviva ofrece al público su colaboración en el proyecto Neón-Púrpura. Desde el momento en que se sabe que alguien como él expone su trabajo ocurre algo muy peculiar y que no suele darse con demasiada frecuencia, la expectación, por ver qué hace esta vez y cómo transformará en sus fotografías a personas en lo que él quiere que sean. Esa expectación por parte del público se consigue con un trabajo duro, callado y sobre todo sincero. “Donde los caballos van a morir” vuelve a retomar el cuerpo plastificado de la Barbie para generar una instalación libre de encasillamientos conceptuales inútiles. Como en una fiesta mexicana celebra la muerte, la decadencia de las ideas rancias de belleza, de las modas y de los encasillamientos sociales propios de individuos con la mirada pasmada.

Su obra sumergida en el patio de La Biblioteca Municipal de La Laguna supone un estallido casi volcánico que no dejará indiferente a nadie. Retoca el espacio verde y amable de esta pequeña porción de tierra acristalada, una auténtica casa de cristal donde conviven las ideas de una mente artística. Pero no nos equivoquemos, Encarneviva no está realizando una obra que se comporta como escaparate, invierte el sentido visual y el escaparate lo formamos los propios espectadores, víctimas de las miradas sensuales y burlonas de esas mujeres de 40 centímetros.

Ser partícipe del universo de Encarneviva supone ver unicornios volar y desplomarse en el suelo mártires de un vuelo frenético que quema las alas y las conciencias.


4 mar 2013


Las barbies nacían en una factoría China o de vaya usted a saber dónde, vivían en manos de millones de niñas de todo el mundo e iban a morir, en el más ecológico de los casos, en el contenedor de plástico del basurero de turno. Ahora esa ecuación se altera porque empezamos a descubrir que nuestros objetos inútiles pueden ser útiles para otros gracias a mercadillos y tiendas de segunda mano. Lo que creemos basura vale dinero. Debe existir un momento en las vidas de millones de niñas del mundo en el que deciden que las barbies ya no merecen la pena. ¿Será el punto de despegue de la adolescencia y el fin de la infancia? Qué bonito quedaría eso en un texto para una expo nominada con una tétrica frase de muerte. Pero no, algunas niñas precavidas guardan las barbies, otras las regalan, otras las llevan todas guapitas ellas a los mercadillos de por ahí para hacer negocio y comprarse otras cosas, qué se yo, Monster Highs o gloss con purpurina picante. Ahí aparece Encarni, el terror de los rastros, dispuesto a hacerse con cuanta barbie se le cruce por delante. Las guarras malas dirán que es una frustración sexual de su niñez, que intenta ser a través de las barbies la niña que nunca fue. Pero Encarneviva lleva una vida obsesivo-compulsiva: si le da por las barbies, a por todas las barbies, al igual que le da por Madonna, por Raphael y por los objetos de abuela. Además, es demasiado peludo como para anhelar una niña que nunca quiso ser.

Entonces, si la desaparición de las barbies no quiere decir que sus antiguas dueñas se hagan preadolescentes insoportables con olor a sudor y a pipas, bella metáfora, lo que sí es una gran verdad es que Carni coge las barbies y les da otra vida, mientras recupera todos esos sueños de infancia que aquellas niñas depositaron en ellas y que, solo por esta vez, no terminarán en el contenedor amarillo, sino en estas imágenes, en esta exposición que no, no es inquietante pero sí muestra que la eterna belleza, la mirada perdida y la sonrisa perenne de la barbie es también una demostración de la vigencia del mismo producto. Ni Monsters High ni aquellas cosas cabezonas pueden destronar a la verdadera reina de las mentiras infantiles, la barbie.

Job Ledesma